Report Chile (Fernando Berríos Medel)

Fernando Berríos Medel
Chile

El año 2003 el Prof. Bradford Hinze solicitó a la directiva de la Sociedad Chilena de Teología encargar a uno de sus socios la elaboración de un reporte detallado de la situación de la disciplina en Chile. El colega designado fue el Prof. Dr. Sergio Silva, de la Pontificia Universidad Católica de Chile, quien elaboró un completo informe que está disponible en la página web de la INSeCT. Para los datos y las informaciones generales sobre la teología en Chile, remito, pues, a esa fuente, para concentrarme en lo que sigue a señalar muy esquemáticamente los que, a mi juicio, son los principales desafíos y nuevos desarrollos del quehacer teológico en mi país, en los tres ámbitos solicitados.

En relación a cada desafío intentaré describir o al menos indicar los desarrollos o las tendencias que se vislumbran para enfrentarlos.

1. Pedagogía

1.1 Desafíos

Hay una gran necesidad de profesores de religión de enseñanza básica y media en un Chile aún mayoritariamente católico. Esta escasez de profesores crece en la medida en que en los últimos años ha ido llegando a su fin la tolerancia -eclesiástica y gubernamental- de profesores de religión con poca o nula formación universitaria. Consecuentemente, se plantea hoy en día la necesidad de teólogos con postgrado en universidades católicas, que puedan formar a estos maestros y, en general, cultivar la disciplina teológica a nivel académico.

Por esta vía se podrá contribuir desde la teología al aporte que se espera de las universidades católicas para la construcción de un orden social más humano y más justo. El contexto está dado por el desarrollo de un tipo de sociedad de gran apertura por efecto de la globalización; apertura no sólo económica, por cierto, sino también cultural, que desafía a la propia identidad, ahora tambaleante. El modelo económico neoliberal ha ido propiciando formas de convivencia social más individualistas, que afectan valores fundamentales a los que el cristianismo tradicionalmente ha adherido. Este aporte se ha de hacer ante todo a través de la educación, específicamente mediante una formación integral de los futuros profesionales.

Una consecuencia importante de todo lo anterior para nuestro quehacer, es el gran incremento de demandas específicas de docencia teológica, que pone en peligro o impide en gran medida la dedicación de los teólogos universitarios a la investigación y a la reflexión. Esto evidencia una gran escasez actual de teólogos.

1.2 Nuevos desarrollos

En los últimos años destaca el desarrollo de nuevas carreras de Pedagogía en Religión en diversos puntos del país, en las universidades católicas tradicionales, derivadas o privadas.

A partir de los 80, la necesidad de teólogos en las universidades católicas de Chile se ha visto en importante medida cubierta por teólogos laicos, lo que ha contrastado con la escasez de clérigos que se dediquen a la teología debido a los requerimientos pastorales de sus diócesis. Una cifra: entre mediados de los 80 y la fecha actual, han obtenido el doctorado o el magíster en teología unos 18 teólogos laicos, varios de ellos en universidades europeas (Italia, España, Alemania).

Otro desarrollo importante ha sido la intensificación de planes de formación teológica general, organizados e impartidos por las facultades e institutos de teología de las universidades católicas. Estos planes tienen un gran alcance, y bien ejecutados pueden tener un profundo efecto en los estudiantes e indirectamente en la sociedad.

Todo lo anterior ha llevado a desplegar esfuerzos de promoción de la investigación y, al mismo tiempo, de equipos de teólogos con especial dedicación a la docencia de divulgación teológica para estudiantes de las más diversas profesiones en las universidades, no sólo pero sí preferentemente católicas.

2. Sociedad

2.1 Desafíos

En este ámbito, el desafío fundamental ha sido colaborar con la Iglesia en su inserción en una sociedad democrática y plural. Hasta el retorno de la democracia (1989) y durante todo el régimen militar del General Pinochet (1973-1989), la Iglesia y la reflexión teológica estuvieron fuertemente volcados al tema de la dimensión social de la fe y a la defensa de los derechos humanos. La promoción de la solidaridad y de la justicia social fueron la principal preocupación de la Iglesia y de la reflexión de los cristianos.

Con el retorno a un régimen democrático, la Iglesia se replegó en gran medida desde este acento social y, como bien dice S. Silva en su reporte, la enseñanza episcopal se concentró principalmente en temas de moral sexual y en la defensa de la familia y de la vida, en el contexto de una intensificación de la discusión de temas como el divorcio (cuya ley se aprobó recién en el año 2004 en Chile), la eventual legalización del aborto en determinadas circunstancias, la uniones homosexuales y la adopción de hijos por parte de parejas de este tipo, etc., esperables en toda sociedad abierta y plural como lo está siendo cada vez más la sociedad chilena. Con todo, en importantes sectores de la Iglesia chilena ha ido también en aumento una preocupación renovada por la dimensión social de la fe, tal como ésta se expresa en el ámbito de la actividad económica y en la política.

Lo recién dicho constituye el contexto general que desafía a la Iglesia y a la teología hoy en Chile: a partir de la reinstauración de la democracia ha quedado de manifiesto con una claridad nunca antes experimentada, el hecho cultural del paso, probablemente irreversible, de una sociedad de Cristiandad a una sociedad plural. La globalización no hace más que acelerar este proceso en sí normal para toda sociedad a partir de la irrupción de la modernidad.

2.2 Nuevos desarrollos

Frente a este desafío, la Iglesia se ha sumado al fenómeno de un fuerte desarrollo de iniciativas educacionales, sobre todo de nivel universitario, a través de las cuales grupos de poder político e ideológico buscan crear focos de influencia sobre el conjunto de la sociedad. En este contexto han surgido diversas instituciones de inspiración católica, y parte importante de sus programas de formación va en la línea de la formación ética y doctrinal-cristiana del alumnado. Aquí la teología cumple un rol decisivo, que puede ser legitimador o crítico de los modelos subyacentes a los diversos proyectos educacionales. Hay universidades jesuitas o del Opus Dei (así como también la masonería tiene la suya). Por esta vía se está orientando en gran medida el esfuerzo por tener la mayor participación posible en la formación valórica e ideológica de las élites profesionales. Es necesaria una más clara insistencia en la dimensión social de la fe (en la que se ponía más acento en los tiempos de la dictadura), en una perspectiva que permita a los cristianos compartir con los que no lo son, en adhesión a los valores subyacentes a este imperativo.

Este desafío está en pleno proceso y conlleva por el momento una gran cuota de perplejidad para la Iglesia. En menos de veinte años, con el cambio del escenario político-social, la Iglesia ha pasado de ser una protagonista de la vida nacional a ser una institución cuyos líderes tienen que buscar la forma de decir una palabra relevante o que al menos sea escuchada con verdadera atención, o sea, más allá de las buenas maneras en una sociedad de tradición católica. Hoy la pregunta por el contenido y el lenguaje de la Iglesia católica en la sociedad, es un tema relevante y la teología debería aportar de una manera especial.

3. Iglesia

3.1 Desafíos

En este ámbito, me parece que el desafío principal es el esbozo de una eclesiología para el Chile post-régimen militar. Durante el régimen militar que gobernó a Chile durante 17 años, la Iglesia católica no sólo cumplió un rol profético en la defensa de los derechos humanos y en la promoción de la justicia y de la solidaridad. También fue una comunidad acogedora de todos aquellos, incluso no creyentes, que queriendo aportar algo al bien común de la sociedad chilena, no tenían dónde más poder hacerlo. De este modo, la experiencia de la dictadura fue la ocasión para una intensa e inédita experiencia eclesial. Con el retorno a la democracia y a la normalidad de las instituciones, muchísimas personas salieron de organismos existentes bajo el alero de la Iglesia católica, para desarrollar su aporte a la sociedad desde otras instancias institucionales. Surge, pues, la pregunta, no ociosa, de qué es hoy ser Iglesia. La readecuación de las instituciones y la recuperación de la vida política en el Chile neo-democrático, ¿exige un replanteamiento de la autoconciencia eclesial en la línea de su definición institucional específica y de su dimensión de comunidad de confesión expresa y sacral de la fe?

En segundo lugar, la formación del clero. Lo recién dicho es previo a lo aquí planteado: ¿en función de qué eclesiología ha de pensarse una formación adecuada del clero? En mi percepción, en el Chile de la post-dictadura la Iglesia no ha avanzado (y en algunos casos ha retrocedido) en el proyecto del Concilio Vaticano II de una eclesiología de comunión, para retomar esquemas más bien clericales y piramidales. En relación a esta problemática, la formación teológica (y específicamente eclesiológica) del futuro clero, es de primera importancia.

En tercer lugar, la relación entre quehacer teológico y conflicto intraeclesial. Vinculado a las problemáticas que acabo de indicar está el tema de cómo enfrentar y manejar, sobre todo frente a la opinión pública, el conflicto entre diversas visiones católicas de temáticas relevantes para la sociedad. El panorama no deja de ser complejo, puesto que, sumado a una normal tensión entre la postura oficial, expresada por la jerarquía, y ciertos sectores del clero, juegan un rol importante determinadas agrupaciones o movimientos de muy diversas orientaciones teológicas, valóricas e incluso ideológicas, que tienden a agrupar a su vez a sectores influyentes del pueblo de Dios. Esto da como resultado la coexistencia actual de culturas católicas no sólo diversas sino derechamente contrastantes en sus presupuestos teológicos y eclesiológicos y, como consecuencia de ello, en su concepción de la praxis cristiana y de la relación Iglesia-mundo. Esta situación es fuente permanente de perplejidad para los Pastores y los desafía a definiciones teológicas y pastorales relevantes, que muchas veces no son tomadas con la suficiente claridad.

3.2 Tendencias

Me parece que ha predominado en los ambientes teológicos un cierto repliegue frente a estos temas y la concentración en temáticas más bien académicas. Ello, si es así, puede deberse a la carga conflictiva de dichos desafíos y a la falta de apertura a la crítica que han manifestado sectores importantes del episcopado nacional en los últimos años. La expresión pública y hasta la insinuación de desacuerdos con respecto a criterios de la jerarquía por parte de ministros ordenados o de teólogos a través de medios de comunicación, han sido considerados como actos de deslealtad y han merecido un duro reproche por parte de algunos obispos, reflejando en ello me parece algo más que una pura reacción personal.

Detrás de este panorama general, a mi parecer lo que está aconteciendo es una crisis a nivel de la eclesiología. El proceso de readecuación institucional de la vida democrática en Chile ha presionado a un replanteamiento de la autocomprensión eclesial y de la posición católica en una sociedad pluralista y postconstantiniana. Puede haber y de hecho hay diversas formas de evaluar la forma en que la jerarquía de la Iglesia chilena está conduciendo la toma de postura frente a estas cuestiones, pero queda fuera de toda duda la necesidad de que la teología se ponga una vez más al servicio de la Iglesia y de la sociedad en que está inserta, para contribuir a que el aporte de la comunidad eclesial a la construcción del Chile concreto de hoy, sea relevante y significativo.